Perdí la sensación del tiempo y el espacio, no estaba más en el dormitorio grande que nos había tocado, mi cuerpo se movía al ritmo de la percusión africana de Savor y Persuasion (Santana) que sonaba en el parlante y cuando abrí los ojos aparecí en un universo morado, me encontraba en una nave espacial y yo veía desde la cabina. Una niebla espesa y púrpura se expandía por momentos durante el viaje de pies a cabeza en el que estaba inmerso, me sentía ajeno a ese universo pero a la vez me absorbía y me permitía aprender. Mientras yo seguía viajando en la nave podía ver una especie de neblina, sentía su olor e incluso su sabor. Algunos gemidos me recordaban que seguía en la ensoñación pero a pesar de eso no podía dejar de mirar literalmente con los ojos abiertos a esa extraña dimensión donde me encontraba. Los gemidos se transformaban en violentos rayos que cada vez eran más constantes. Parecía formarse una tormenta eléctrica y la nave iba cada vez más rápido.

Durante algunos momentos había tanto éxtasis que la visión perecía perder la señal ya que la realidad estaba muy intensa; sin embargo, las ensoñaciones regresaban y el universo en donde se desarrollaba la historia cada vez se ponía más extraño. Una medusa gigantesca se encontraba al frente mío, específicamente sobre la cabeza de la mujer que me estaba estrangulando entre sus piernas. La tormenta parecía salirse de control, la niebla era más densa, mis cinco sentidos estaban tan agudizados que podía sentir cada poro emanando luz, veía rítmicas vibraciones que salían desde el centro de mi pecho y desembocaban con furia sobre el cuerpo que tenía al frente.

De pronto empezó la “dulce introducción al caos”, todo se movía rápidamente y parecía ser absorbido por un agujero negro. La nave viajaba a la velocidad de la luz, las estrellas y los planetas se dibujaban como largas estelas y yo iba directo hacia el corazón de la medusa estelar. Estaba entrando en la tormenta eléctrica y los rayos cortaban mi piel, la electricidad entraba en cada herida y me inyectaban adrenalina. Con cada latido acelerado todo era más brillante, la cantidad de luz que salía de nuestros cuerpos era demasiada, la sensación de conectarte a niveles atómicos con otra persona simplemente es indescriptible. Pase una eternidad cegado por esa luz eléctrica, pudieron ser segundos pero lo que haya durado fue un período en donde mis cinco sentidos se volvieron locos mezclándose entre ellos y exprimiéndose hasta desintegrarse.

Al día siguiente parecía haber despertado de un sueño, con el alma recargada y el cuerpo más liviano que nunca. Tirar con ayahuasca nunca estuvo en mis planes, todo se alineó para ese momento, el lugar, la persona, las almas, todo. La experiencia sensorial que te da esa medicina siempre será personal e inolvidable, pero sobre todo, lo primero. Puedes llegar al cielo o terminar cagando en el infierno.