Con la música globalizada, ha empezado a nacer una generación cultural estándar.

Se baila reggaetón en Tokio, Moscú y en Katmandú y no está mal expresar esa ansiedad sexual reprimida de generaciones pasadas, pero tenemos un problema al no parar bola a lo que pasa en nuestro país porque perdemos identidad y nos ven las pelotas. La escena independiente no depende ni le debe favores a nadie porque que es auto gestionada. Esto hace que su contenido sea libre y más verosímil que lo que te puede ofrecer la música comercial.

Tú decides como alimentas tu oído.

La música es una manifestación cultural que nos ubica en un sistema histórico y social dentro de un espacio temporal. En Quito, las décadas de los 80 y 90s estuvieron marcadas por fuertes eventos políticos que engendraron a grandes músicos y bandas locales. Son tantas crónicas que en otro capítulo serán contadas a profundidad. Hoy le tocó a Sal y Mileto y a Tanque como dos importantes representantes de la escena independiente de los 90, del norte de la ciudad.

A estas bandas les debemos mucho porque a través de su arte nos cuentan las situaciones por las que pasaban nuestros padres, tíos y primos; en general, lo que sentía una parte de la ciudad como colectividad y cómo reaccionaba frente a ello. Las frases coreadas de ese período reflejaban la rabia de una parte de la sociedad quiteña que se veía impotente ante tantos actos de corrupción, represión policial y creencias curuchupas.

La música independiente fue una herramienta de protesta ante la situación social del país y fue expresada en los pogos que se armaban durante la interpretación de canciones importantes como “Febres Cordero me sacó de la bahía” y “Aguanta”, respectivamente. Es claro cómo la política influyó en el desarrollo del pensamiento de la generación X y cómo moldeó las bandas que escuchamos actualmente.

Más tarde, la música empieza a mutar y, al darse cuenta que la política siempre va a ser igual, de que los partidos de izquierda y derecha terminarán siendo lo mismo y que de todas formas vamos a valer, la escena independiente se transformó y empezó a tomar las situaciones de la coyuntura nacional a manera de sátira y autocrítica. “Registro civil” de El retorno de Exxon Valdez “Señores vampiros” de la Rocola Bacalao dan testimonio de eso.

Los años han pasado rápidamente y hoy por hoy existe una mayor facilidad para la realización de eventos culturales enfocados en la música, cosa que en el pasado era muy complicado.

La autogestión y los esfuerzos sobrehumanos por crear una plataforma para el desarrollo de la escena independiente han comenzado a dar sus frutos y, en la última década, han saltado nuevas bandas a la escena, nuevas propuestas y nuevo contenido.

Pero, ¿qué refleja en este momento la música independiente? ¿Qué piensa esa parte de la sociedad que acude a conciertos auto gestionados? Hagan la tarea.

El actual producto que presentan algunas bandas sobresalientes nos puede ayudar a saber cómo está el pensamiento colectivo de una parte importante de la ciudad. La juventud.

Hoy tenemos los mismos problemas que en el pasado: corrupción, represión y discriminación curuchupa. Estamos lejos de escuchar contenido que te deje pensando y que sea trascendental, canciones como “El principito es un guambra de la calle” o “Mal komún” quedarán para la historia. Hoy hemos demostrado que nos vale todo, bien o mal, parece que así estamos como sociedad. Mientras se pueda corear “conectado” y llegar a un Lollapalooza, no importa que el mundo arda.