ILUSTRACIÓN: Mabe Miño (Cosima)

“Un tabaquito mientras tanto”

Invade mi mente un pensamiento que no puedo ignorar, lo veo en mis sueños, cuando duermo y en vigilia. Como cuando uno prende un fósforo y se consume en unos segundos, una y otra vez me pregunto cuánto significado puede tener un minuto, una hora, un momento, una etapa, un ciclo en nuestras vidas.

El tiempo es relativo, es circunstancial. La duración del mismo está determinada por las circunstancias.

Para mí, ese fósforo puede consumirse en 1 segundo y para alguien más ese fósforo puede consumirse en miles de segundos dependiendo de lo vivido, y a veces quema.

El tiempo corre, se detiene, agita tus dimensiones.

Por eso me gusta imaginar al tiempo como si fuese arena, como los clásicos relojes de arena, en el que podías no sólo sentir el paso del tiempo a través de las experiencias, sino verlo con tus propios ojos, representados con un símbolo elemental, y más importante que ver, vivir cada minúsculo grano de arena mientras pasan con ese peso importante que acarrean.

Pero cada uno de los momentos vividos, se esfuman, desaparecen como en un reloj común y corriente, giran las manillas, pasan los segundos, los minutos, las horas y cuando te das cuenta el reloj ya ha dado dos, tres, cuatro vueltas con tan sólo el imperceptible movimiento de una manilla.

Todo a la final es cíclico, vives, mueres y tu energía transmuta, vivimos en un plano físico, mental y espiritual. El ritmo continúa, fluir y refluir.

Entonces me pregunto: ¿En qué momento de nuestro ciclo todo se volvió tan fugaz?

Y con fugaz me refiero a que, los momentos parecen tener fecha de expiración y cada vez es más corto el tiempo de duración.

Ya no nos detenemos más a ver el paso del día a la noche, esa transición, ese atardecer que dura tan sólo unos minutos. Nuestra mente ha normalizado este espectáculo de la naturaleza que podría hacernos sentir infinitos. Ese atardecer que omitimos y lo damos por hecho, es el paréntesis en el que deberíamos quedarnos y apreciarlo como si no hubiese otro.

Desde lo más profundo de mi angustia y lo más débil de mi ser puedo sentir que estoy empachada de fugacidad. Intento vivir cada momento como si fuera una segunda oportunidad para rectificar las cosas de las que podría arrepentirme. Vivir, no sólo existir.

Estamos presos, somos presos de la rutina, pero depende de cada uno la liberación de la misma, sólo hay que ocupar bien el tiempo que se nos ha otorgado en estos cuerpos ajenos que hemos poseído.

Mi mente se dio cuenta que era presa de estos momentos fugaces, no esperé para cambiarlo, el cargo de consciencia conmigo misma me estaba carcomiendo, algunos podrán sentirse así, otros no. Paz mental.

Profundizando en las islas de mi mente, sin saber nadar hacia ellas pude darme cuenta que la ira que siento nace de la manera en las que son las relaciones humanas, el amor, la amistad, la comunicación y acciones, observo y pienso que no son hechas a consciencia y plenitud, como si fuese una lluvia de estrellas fugaces, que no brillan más.

Tenemos todo a nuestro alcance, es tan fácil obtener lo que queremos, desde lo vital, como el agua, la información, tecnología, hasta una persona a quién amar o alguien con quién pasar el rato, que, al no haber riesgo de perderlo, piensas que puedes conseguir otro igual, perdemos lo verdaderamente importante. Nada ahora requiere de esfuerzo para obtener algo realmente valioso, nos conformamos con lo que hay y resulta ser que eso es lo que creemos merecer.

El que busca lo encuentra fácil y lo que encuentran es una persona que se conforma con lo que recibe, porque nada requiere de esfuerzos y nadie da más, es una causa y efecto que fluye en círculos infinitos y viciosos, que los vuelve fugaces, se acaban ni bien comienza por aquella facilidad.

Porque ahora somos unas hormiguitas de paso, pasando unos al lado de otros sin si quiera verse los rostros, recogiendo azúcar en fila sin sentir la verdadera conexión humana.

Como si el significado de la vida fuese preguntar – ¿Qué hay de nuevo? y contestar – Lo mismo de siempre.

Caricias con el alma.