Saber leer las líneas que trazan el camino, arriba el cableado, abajo la pintura, porque mirar hacia abajo también marca la perspectiva del trayecto.

Tener en cuenta que dos choques de luz, mientras crean dos líneas diagonales resplandecientes, crean oscuridad y te obstruyen la visión, pese a que esto signifique lo contrario de lo literal de la palabra ‘luz’.

Creo que estoy en un laberinto en el cuál la salida es la única respuesta, aunque suene evidente, esa única respuesta deriva de la duda. Y digo «creo» porque la duda, la dualidad, es la única verdad que existe y existirá, aquel beneficio de la duda.

Todos nos cuestionamos sobre el contrario de cada situación o el análogo de la misma, colores hay miles, su complemento y la yuxtaposición de los mismos son los que nos dan la respuesta, entonces la duda es la única verdad. Sin ella no existiríamos, la duda es el principio de una creación, el caos previo a cualquier idea o decisión es el pilar de aquello que hemos creado y hemos de crear. Si no existiera aquella incógnita entre dos posibles respuestas, no arriesgaríamos nada y jamás estaríamos tan cerca de encontrarnos. Estoy al borde de encontrar aquel demonio que hace que mis pensamientos fluyan; si mis pensamientos estuvieran en mis manos, si fueran manipulables en tal caso fuera más sencillo, todos quisiéramos eso, pero no controlamos nuestros pensamientos, simplemente están ahí y están ahí por alguna razón. No somos nuestro cuerpo, no somos nuestro pensamiento, somos cuando estamos conscientes de ser, de estar, no de lo que eres o quién eres.