Fotografía: Alexandra Vaca

«Éramos cientos y nos sentíamos como miles.»

El 8 de marzo, las mujeres y los hombres nos tomamos las calles para levantar la voz por las que no pueden. En medio de una intensa lluvia, como las que Quito suele mandarnos para encerrarnos en casa, el no callamos más se hizo sentir.

Niñas, jóvenes, abuelas, madres, padres, amigos, novios, compañeros de camino. Todos caminando entre los cánticos usuales de una marcha. No era para apoyar a ningún candidato, sino para darle voz a las que siguen olvidadas. Aunque el 8 de marzo de vio envuelto en un menjurje de ideologías, pretendiendo medir quién tiene la vara más larga de convocatoria en el país y olvidando su verdadero sentir.

En Ecuador, según el INEC, 6 de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de violencia o abuso sexual en Ecuador. Una cifra que probablemente no sea completamente real todavía, porque el silencio reina en un país donde las mujeres y la sexualidad aún son considerados problemas de segunda índole. Donde el acoso es tomado como piropo y abuso espera ser callado. Donde aún la primera pregunta que le hacen a una víctima de violación es si estaba ebria o traía minifalda.

El 8M el colectivo Vivas Nos Queremos y la organización Luna Roja convocaron a las ecuatorianas a hacerse escuchar. Desde las 16:00, frente a la fiscalía, para reclamar por las aún escuetas legislaciones del país contra la violencia de género e intrafamiliar. Porque el aborto aún es un tema álgido que muchos prefieren obviar. Porque aunque existe legislación que prohíbe la discriminación laboral, aún nos pagan menos y aún no estamos completamente inmersas en el ámbito laboral.

Por eso no importó quedarse sin voz y quedar empapadas. Protestar bajo la lluvia es necesario por la consigna que comenzaron las suffragettes, Matilde Hidalgo y las feministas de la segunda ola en los 60’s; aún está lejos de terminar. Aún nos siguen matando, aún nos acosan en camino al trabajo, aún nos pagan menos, aún nos niegan trabajo por la posibilidad de estar embarazadas, aún los hombres no pueden decidir ser padres a tiempo completo sin que la sociedad los califique de “mujercitas”, aún insinuar cierta femineidad es un insulto recurrente entre los políticos, aún la representación femenina en la política del país es prácticamente invisible y muda.

Por eso salimos a marchar y seguiremos saliendo, para luchar porque el mundo finalmente tenga un equilibrio que no guíe por el sexo o el género. Aunque hay cientos de posts circulando en Facebook donde se inquiere que el feminismo que sostiene un cartel no es el “buen feminismo”, recordemos que sin todas las mujeres que salieron a marchar antes de nosotras ni siquiera podríamos opinar y este post tal vez no podría existir tampoco.