Desde mi punto de vista, la aprobación del matrimonio igualitario, más que un logro, es un derecho que siempre debió existir ya que, si dos personas independientemente de su sexo, su credo, posición económica y orientación sexual, en pleno conocimiento de sus actos deciden unir sus vidas, están en total libertad de hacerlo, amparados por las leyes.

La pregunta sería:

¿Por qué las parejas heterosexuales tienen derecho al matrimonio civil y las parejas homosexuales solo pueden acceder a la unión de hecho?

Si la Constitución dice:

“Todas las personas son iguales y gozarán de los mismos derechos, deberes y oportunidades” (Art. 11.2, Constitución de la República del Ecuador, 2008)

Ahora, si una pareja gay toma la decisión de casarse, por la ley, simplemente lo puede hacer al igual que lo hacen las parejas heterosexuales. Antes, al no poder hacerlo podríamos haber hablado que existía discriminación ya que era un acceso exclusivo para una parte de la población, por ende, considerado un privilegio.

La aprobación del matrimonio igualitario representa netamente un aspecto civil, otorgando la misma validez y derechos que a un matrimonio heterosexual, en lo que a lo legal se refiere. Cabe recalcar que está decisión no influye en las normas del matrimonio eclesiástico, ya que atenta contra la doctrina, pero aun así la iglesia, está en desacuerdo con esta decisión ya que consideran que “afecta a la familia” expresando que el matrimonio es únicamente entre “hombre y mujer”, posición que respeto, sin embargo, la opinión de la iglesia ante un tema civil debería ser irrelevante, ya que el Ecuador es un Estado laico y las decisiones políticas se han llevado independientes de las creencias religiosas desde hace más de un siglo.

Es evidente que, a raíz de la aprobación del matrimonio igualitario, se generó un fuerte conflicto entre la comunidad LGBTI y los creyentes de diferentes doctrinas religiosas ya que ellos defienden la “familia tradicional”. Cuando la aprobación fue efectiva en seguida aparecieron temas controversiales como: la “adopción de niños por parejas homosexuales” o la “transgenerización de niños”. Hecho que desencadeno en la organización de múltiples marchas, rumores de una consulta popular y miles de comentarios homofóbicos en redes sociales, que evidenciaron la ignorancia de toda una nación en referencia al tema.

Pienso que este conflicto nace a partir de que las personas no están lo suficientemente informadas y correctamente enfocadas en lo que esto significa.

El Ecuador al considerarse un país tradicional no ha permitido ni recibido una educación sexual efectiva, no solo en el aspecto de prevención de ETS (enfermedades de transmisión sexual), sino en diversidad sexual, orientación sexual e identidad de género. Por eso encontramos a gran número de la población dejándose llevar por etiquetas y estereotipos que no pueden estar más lejos de la realidad y desembocan en una manifestación de rechazo y odio hacia lo que desconocen.

Creo que la clave para una convivencia social en armonía sería el acceso a información veraz, confiable e imparcial para la educación de viejas y nuevas generaciones. Así existiría mayor tolerancia sobre el tema ya que el desconocimiento fomenta rechazo, como lo mencioné antes. Y en el caso de no compartir esa ideología, al tener una educación adecuada, siempre predominará el respeto, independiente de: raza, credo u orientación sexual. Y de esta manera poder convivir sin prejuicios, siempre hablando desde el amor, más no desde la imposición de pensamiento ya sea religioso o moral.

Desde mi propia experiencia de convivencia, en una relación homosexual, y las experiencias de personas cercanas a mí, heterosexuales, puedo decir que: Ya sea que tengas una pareja de diferente o igual sexo, la cotidianidad es la misma: duermes, comes y te levantas con la persona que amas. Se reparten las responsabilidades y labores de la casa, pagan sus cuentas, se apoyan, se pelean, se reconcilian, se hacen bromas, son cómplices y así, podría continuar durante horas y horas. En síntesis, son dos personas que se aman, se complementan y ahora, independientemente de su orientación, podrán ser reconocidos por la ley como “familia” si así lo deciden.