Eran las seis de la tarde y la fila para entrar al concierto ya daba la vuelta a la Casa de la Cultura. El color negro predominaba en la ropa de los asistentes y la venta de pinchos, cervezas y cigarrillos hacían más amena la espera.

 

Al ingresar al recinto, se notaba malestar en la gente por no poder entrar con correas, pulseras de spikes ni fosforeras.

Miles de jóvenes estaban ansiosos porque empiece el evento; no podía ser de otra manera, se presentaba una de las bandas íconos del punk argentino y quizá la banda de ska español más conocida en Latinoamérica.

La sala estaba dividida en tres localidades: general, preferencia y welcome to hell. Estaban separadas con rejas y cada 5 metros había un encargado de seguridad.

Las camisetas de Ska-P fueron las más comunes, aunque se veían muchas de 2 minutos y hasta de bandas como La Polla, Eskorbuto y Attaque 77.

En los altavoces se escuchaba Metallica, parecía ser un buen soundtrack para una espera larga entre selfies, saludos y cigarrillos clandestinos.

Se apagaron las luces y empezó a tocar Suburbia, una banda ecuatoriana que tiene más de quince años en escena. Mucha gente coreaba sus canciones y los demás las escucharon respetuosamente pese a que el audio tenía problemas de ecualización.

Llegó el momento esperado, la banda originaria de Valentín Alsina, Buenos Aires, hizo saltar al público con sus canciones de barrio, alcohol y delincuencia, típicas del punk latinoamericano. Canciones como amor suicida, demasiado tarde y barricada policial fueron el motor de un pogo que se veía en las tres localidades. Pero cuando empezó ya no sos igual  la gente enloqueció. Mosca empezó a cantar: “Carlos se vendió al barrio de Lanús…” y todo el concierto siguió con la letra. Fue muy emocionante escuchar a todo el público, pero lo más llamativo fue ver a jóvenes que no llegan a 18 años gritar a todo pulmón esta canción de 1994.

Eran las 22:30 y todos esperábamos a Ska-P. Estábamos más apretados porque se llenó el lugar y algunas personas de general empujaron las rejas y lograron vencer la seguridad. Salieron al escenario los integrantes: Pulpul, Joxemi, Kogote, Julio, Txikitin y Gari. Iván Pozuelo tocó la batería reemplazando a Luismi que no salió de gira por un problema cardiovascular. Eloi Yebra, actor y músico, es el reemplazo de Pipi quien fue separado de la banda hace unos meses.

La gente estaba eufórica de emoción. El setlist empezó con una versión corta de poder pal pueblo. Luego empezó literalmente una estampida. Al grito de ¡jaque al rey! la gente cantaba el single del nuevo disco Game Over.

La gente bailaba ska, saltaba y gritaba pero hubo un momento de reflexión en la noche. Solamente por pensar es una canción dedicada a Carlos Guiliani, un activista que la policía italiana asesinó en el 2001. Esta vez, se la dedicaron al argentino Santiago Maldonado y generó aplausos de protesta a una víctima más de la injusticia.

Hace algunos años conversé con Roberto (Pulpul), cantante de Ska-P y me contó que les encanta venir a tocar en Latinoamérica por que es el mejor público del mundo. Creo que no se equivocó porque fue impresionante la energía de la gente. Me llamó mucho la atención que todos sabían cada una de las letras de todas las canciones. Pocas veces había visto esto en Quito. En la canción final, El vals del obrero, pusieron el micrófono a un lado y dejaron que el público la cante . Las crestas, banderas y camisetas del Rayo Vallecano hicieron que parezca una barra brava de fútbol que puso la piel de gallina a todos.

El momento negativo de la noche fue cuando las autoridades pidieron que se acabe ya el concierto. No es la primera vez que pasa en conciertos de rock, pero obligaron a la banda a dar por terminado el concierto. Cruz, oro y sangre, ni fu ni fa y full gas se quedaron fuera del repertorio. Quizás las letras de las canciones no sean del agrado de las autoridades, pero no es justo para los promotores del evento, la banda ni el público.

Salimos del concierto con las gargantas roncas, las manos rojas de tanto aplaudir y con un grito de salud y libertad!